Práctica de pensar en un bien superior

En este artículo hablamos de los motivos de pensar en un bien superior. Veamos ahora unos ejemplos prácticos.

Tienes una discusión con un miembro de tu familia, por ejemplo un hijo. Eso provoca que te enojes y que le digas cosas que luego, cuando pasa la tormenta, entiendes que era mejor no haberlas dicho porque no las sentías realmente y porque no llevan a ningún sitio.

Si no te das cuenta de ello y mantienes ese enfado, ese estado se acrecienta en ti y al próximo desencuentro el clima se enrarece más y más hasta que llega un día en que la situación comienza a ser insostenible.

Si te das cuenta y recapacitas para no volver a repetirlo, reconduces la situación y todo marchará mucho mejor. Esto es pensar en un bien superior, que no es otro que tener una convivencia saludable en tu entorno familiar y ser esa inspiración de la que hablaba en el artículo mencionado. Al enredarte en discusiones y malos humores, la energía que se crea está muy alejada de ser armoniosa, lo que trae consigo malestar, desarmonía, incomprensión, y una inspiración de cómo no hacer las cosas.

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Pensar en un bien superior

Ante cualquier cosa que nos ocurra o que hagamos, siempre es mejor pensar en un bien superior. Es una forma de quitarnos de en medio, de alejar el ego, nuestro egoísmo, nuestra personalidad, y mantenernos abiertos a esa parte más grande de nosotros o nosotras.

Cuando alguien nos hace algo que no nos gusta, si pensamos en ese bien superior, no devolvemos aquello que nos hicieron, porque en esa parte superior estamos todos y todas de alguna forma y lo que hagamos, de alguna manera nos lo estamos haciendo.

Si recibimos algo bueno de alguien, agradecer y dar las gracias a esa parte superior nos refuerza en esa conexión. Lo mismo cuando compartimos algo con los demás. Al hacerlo desde esa otra parte, no poniendo el yo delante, nos libera de una forma que iremos notando a cada acción.

De esa forma estamos comenzando a vivir desde otra posición, estamos viviendo en comunión con la vida, siendo consciente de ello, y ampliando nuestra consciencia. Nos ayuda a que no nos afecte de una manera especial lo negativo que podamos experienciar y a la vez a estar más abiertos a que mejores experiencias vengan a nuestra vida.

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Celebración

La mayoría de las veces, cuando un cambio llegó a nuestra vida, cuando logramos un anhelo o un objetivo, no solemos celebrarlo. Sin embargo, es muy importante, imprescindible, hacerlo, porque es una forma de imprimirle una energía extra y sellar ese logro, hacerlo duradero. Reconocerlo en todos los planos, físicos, mentales, y emocionales nos hará sentir muy bien y es ese estado en que nos encontramos el que obra la magia, al subir nuestro nivel energético.

En numerosas ocasiones solemos hacer todo lo contrario y en lugar de alegrarnos le restamos importancia. En un artículo anterior hablamos de la idea original. Si cuando logramos plasmarla le restamos importancia, con toda seguridad eliminaremos el efecto de su duración y del efecto que a la vez va a producir en el resto de personas que la compartan, con lo que el proceso llevado a cabo pierde todo su efecto.

Hemos visto la importancia de poner atención y valorar los pequeños detalles, los pequeños gestos, y en ellos también es importante celebrar. Cualquier cosa que reconozcas en ti, que te hayas dado cuenta que te estaba impidiendo ser tu mejor versión, celebra haberlo reconocido. Alégrate de que finalmente lo hayas reconocido y da las gracias a la vida por ello.

En ambas ocasiones es imprescindible hacerlo para continuar adelante con energía renovada y potenciada. Esto es un plus que te impulsa a seguir el camino para nuevos desafíos en el sendero de evolución personal.

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La claridad mental

En otros artículos hemos hablado de la observación, de la creatividad, de las expectativas, de ver el vaso medio lleno. Todo está relacionado con la claridad mental, porque cuando nuestra mente viene y va continuamente de un lado para otro, cuando hacemos un mundo de cualquier cosa que escuchamos o vemos, cuando reaccionamos ante cualquier situación, cuando emitimos juicios, es nuestra mente la que tiene el mando de la situación, de nuestra vida. Aclararla, es ponerla en el lugar que le corresponde y poder ver todo con más perspectiva.

Es lo que solemos llamar estar centrados. Cuando estamos centrados o centradas estamos atentos y podemos observar lo que ocurre a nuestro alrededor desde una posición neutral. Nuestras emociones nos influyen, como vimos en el artículo sobre aprender. Ellas también nublan nuestra mente, tal como las nubes no nos permiten ver el sol o la luna. Ambos están ahí, el sol y la luna salen cada día sin falta, pero no siempre los vemos.

Pues así es la vida. Las cosas son, simplemente son, es el color que le añadimos y los aderezos que le pone nuestra mente por memorias pasadas o por nuestras expectativas las que nos hace interpretar la realidad de una u otra forma. Cuando está la mente clara, simplemente eres un espectador. Ves la obra, la representación y escuchas lo que dicen sus personajes, sin analizar nada, ni interpretar nada. Todos los análisis e interpretaciones surgen a partir de los juicios, y estos son totalmente subjetivos.

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Las lecciones de la naturaleza

Cada día la Naturaleza nos da muchas lecciones. Cada vez que llega la primavera todo vuelve a resurgir. La lluvia sacia la sed de la tierra y ésta, agradecida, florece en los rincones más insospechados, brotando nuevamente con fuerzas renovadas, llena de ilusión llenándonos de alegría, color y energía. Las rocas, las montañas, los lagos, estanques, ríos, el mar, presumen de ser más bellos, y con razón.

Las aves comienzan a migrar a zonas más templadas del Planeta para evitar el excesivo calor del verano. Los peces y mamíferos marinos recorren grandes distancias en busca de aguas menos calurosas donde criar a su descendencia.

El verano trae consigo más calor, más horas de sol. El Sol aporta vitalidad y nos recuerda lo que somos, iluminando todo lo que encuentra a su paso y a la vez, revelando la sombra. Según sea la hora del día, la sombra aparece y desaparece, como nos ocurre a lo largo de nuestras vidas. Nuestras sombras pretenden poner de manifiesto aquellos lugares que impiden ser nuestra mejor versión. Cuando las reconocemos se revela la luz de nuestro interior y nos mostramos tal como realmente somos, sin velos.

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Salir de la burbuja

Llegan momentos a nuestras vidas en los que necesitamos mirar hacia adentro, relacionarnos con nosotros y nosotras principalmente. Se hace imprescindible dedicarnos tiempo y observarnos para reconocernos, o lo que es lo mismo, volver a encontrarnos, a conocernos. Pasaremos más o menos tiempo, de vez en cuando asomaremos la cabeza al mundo, y volveremos a nuestro interior.

Cuando asomamos la cabeza lo que hacemos es un test de cómo vamos en nuestro trabajo interior y ese es el que verdaderamente nos dice en qué lugar estamos. Puede ocurrir que pasemos demasiado tiempo así, y que confundamos esconder la cabeza bajo el ala como hace el avestruz ante cualquier disonancia o dificultad con mirar hacia adentro. Sea como sea, estamos en una burbuja que de alguna forma nos protege del mundo, o así lo creemos, pero que en cualquier caso nos aísla del exterior.

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Juegos de la mente

Te voy a proponer algo en que pensar. Viajas en avión por el hemisferio norte de La Tierra de un continente a otro, por ejemplo, desde China a Finlandia. Si el avión en un momento determinado gira ciento ochenta grados sobre su eje longitudinal quedarías con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba. Si tienes el cinturón abrochado no caerás desde el asiento hacia el techo del avión. Si no, te golpearías con el techo del avión. ¿Cierto?

Sin embargo, la lógica nos haría pensar que al viajar de Argentina a Australia, por el hemisferio sur de La Tierra, nos ocurriría lo mismo. Pero no ocurre. Si lo vemos desde afuera del planeta, veríamos el avión girado como en el caso anterior, pero todos sus pasajeros y tripulación, van perfectamente. No caen hacia el techo. Y sí, La Tierra es una esfera, achatada por los polos, pero una esfera. La acción de la gravedad obra ese extraño milagro que si lo pensamos bien se escapa a nuestra comprensión. Ahí lo dejo… Recuerda que en el hemisferio sur las personas también caminan con los pies en La Tierra.

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Las emociones

Con el paso del tiempo, con el transcurso de la vida, nos hemos acostumbrado a vivir con las emociones y a identificarnos con ellas. Hasta tal punto, que creemos que al sentir emociones fuertes estamos sintiéndonos vivos, cuanto más fuerte la emoción, más intensa es la vida, lo que provoca que lleguemos a tener dependencia de ellas.

Como toda dependencia, no es algo muy sano ni armonioso. Por otra parte, cuando tenemos un pico de subida fuerte, luego vendrá un pico de bajada con la misma intensidad, de ahí la poca armonía, ya que no es algo equilibrado.

La otra creencia que subyace es pensar que sin estas oleadas, la vida no tiene sentido, o al menos, no tiene el aderezo que le da un colorido especial, como el picante o las especias en la comida. Cuando estamos en el pico bajo de la ola nos sentimos deprimidos, de ahí el término. Corremos, pues, el riesgo de buscar alicientes que nos hagan estar más tiempo en el pico alto de la ola, o al menos que no nos haga caer al pico bajo.

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